De poco le sirvieron a Cristina, sus clases de grafología. Su historia de amor con Cariño, su marido, se había escrito altenando Times New Roman número 12 y frecuentes sms.
El primer día que tuvo ocasión de ver su firma, se hallaban firmando el contrato de matrimonio. Al ver el rayajo informe que acababa de garabatear, sintió un nudo en el garganta. Desde ese día, le obligó a comunicarse siempre por escrito.
Comentario por xrisstinah el agosto 7, 2009 a las 10:08am
Cristina descubrió un buen día que el rabito de la y, griega por supuesto, delataba rasgos de cajero infiel, y supo inmediatamente él que había huido dejando vacía la cuenta corriente común.
¡Necesitas ser un miembro de Red DesEquiLIBROS para añadir comentarios!
Participa en esta red social